El alba apenas despuntaba cuando la Virgen de la Cinta comenzó su tradicional bajada desde el Santuario del Conquero. Con el rezo del Rosario de la Aurora como banda sonora íntima, miles de fieles acompañaban en silencio a la Patrona de Huelva en su recorrido hacia la Catedral. Sin embargo, uno de los momentos más emotivos del trayecto se vivió, como cada año, en la Plaza de Toros de La Merced, donde la fe, la tradición y los sentimientos se fundieron en una escena cargada de simbolismo.
…Y la Virgen de la Cinta volvió a detenerse en La Merced.
Como es tradición en su camino desde el Santuario hasta el corazón de la ciudad, la Virgen de la Cinta se detuvo ante la Puerta Grande de La Merced, abierta de par en par para recibirla. Allí, la emoción fue incontenible. La Empresa Toros La Merced, que actualmente dirige D. José Luis Pereda López -hijo del recordado D. José Luis Pereda García-, hizo entrega a la Patrona de un ramo de flores como muestra de devoción y gratitud.
Allí, aguardaban el jefe de personal de la plaza, Serafín González; el jefe de chiqueros y torilero de La Merced, José Antonio Ortiz «Nono»; y el hermano mayor de la Hermandad del Prendimiento y la Estrella, Enrique Cordero. Todos esperaban a la Virgen con respeto, emoción y recogimiento, acompañando con su presencia el homenaje sentido de toda la familia del toro.
“Nos bendijo a todos los que trabajamos en esta casa”, relataron desde el propio coso. “Lloramos y rezamos delante de Ella una salve para recordar a nuestro patrón, José Luis Pereda García, y a toda la gente del toro que está toreando por esas plazas del mundo, con un recuerdo especial para Pepe Conquero, fallecido hace unos días”.
El Coso de La Merced permaneció abierto, como siempre, a toda la gente de Huelva, que hizo profesión de fe y demostró, una vez más, lo cintera y torera que siempre ha sido sobre el albero mercedario. Un silencio sobrecogedor se rompió en aplausos cuando la Virgen pareció “mirar” hacia el interior del coso. Las manos alzadas, los pañuelos blancos, las lágrimas discretas y las oraciones espontáneas convirtieron ese instante en uno de los más sentidos del día.
La imagen, portada por sus costaleros, realizó un leve giro ante la puerta grande, como saludando simbólicamente a los hombres y mujeres del toreo -presentes o ausentes- que han hecho de este lugar un templo de arte y pasión.
La Virgen continuó su camino hacia la Catedral entre vítores, pétalos y promesas, dejando tras de sí una estela de recogimiento, emoción y gratitud que solo Ella sabe despertar. En La Merced, como cada año, Huelva volvió a reconocerse a sí misma: mariana, devota, torera y unida en torno a su Madre Chiquita.
FOTOS: J.L. ARIZMENDI – J.M. MARCHENA










