• “Bulería”, de la ganadería de Fermín Bohórquez, abrirá la tarde en el Coso de La Merced.
  • Sorteados los toros del criador jerezano para el quinto festejo de la Feria de Las Colombinas 2026.
  • Trenzarán el paseíllo en La Merced un “monstruo” cartel de figuras del rejoneo: Andy Cartagena, Diego Ventura, Andrés Romero, Guillermo Hermoso de Mendoza, Sebastián Fernández y la presentación del portugués Duarte Fernandes.

Los toros de Fermín Bohórquez ya han sido enlotados, sorteados y enchiquerados a expensas de ser lidiados esta tarde en La Feria Taurina de Las Colombinas 2026. Un “monstruo” cartel de figuras en el Coso de la Vega Larga que está formado por seis rejoneadores Andy Cartagena, Diego Ventura, Andrés Romero, Guillermo Hermoso de Mendoza, Sebastián Fernández y Duarte Fernandes.

El festejo comenzará a las 20:00 horas.

Adjuntamos:

Cartel, Orden de lidia, Equipo Presidencial, Ganadería, Cuadras y Galería de fotos.

Fermín Bohórquez: un legado histórico del encaste Murube-Urquijo que sigue escribiendo la historia del caballo y el toro bravo

En el corazón de la provincia de Cádiz, entre las fincas Fuente Rey, Fraja y Casa Blanca, se conserva uno de los patrimonios ganaderos más representativos de la cabaña brava española. La ganadería Fermín Bohórquez, propiedad de Agropecuaria Fuente Rey, S.L. y representada por Fermín Bohórquez Domecq, constituye hoy un referente indiscutible en la preservación del histórico encaste Murube-Urquijo, una estirpe que ha dejado una huella imborrable en la tauromaquia y, muy especialmente, en el mundo del rejoneo.

La antigüedad oficial de la ganadería data del 17 de mayo de 1951, fecha en la que don Fermín Bohórquez Gómez adoptó el hierro que continúa vigente en la actualidad. Sin embargo, sus raíces se remontan a años anteriores. La vacada fue formada en 1949 por don Luis Vallejo Alba, mediante la adquisición de vacas y dos sementales procedentes de la prestigiosa ganadería de doña Carmen de Federico. En 1946, la explotación fue adquirida por don Fermín Bohórquez Gómez, quien mantuvo la pureza de su procedencia y consolidó un proyecto ganadero basado en la selección y la excelencia.

Tras el fallecimiento de su fundador, en 1974, la responsabilidad de la ganadería recayó en su hijo, Fermín Bohórquez Escribano, continuando una labor marcada por el respeto a la tradición y el compromiso con la conservación de uno de los encastes más emblemáticos del campo bravo.

Hablar de la ganadería Fermín Bohórquez es hablar del histórico encaste Murube-Urquijo, una de las ramas más nobles y características del tronco fundacional de Vistahermosa. La denominación «Murube» hace referencia a la ganadería creada en 1851 por Dolores Monge, viuda de Murube, junto a sus hijos Joaquín y Faustino, cuyos animales procedían directamente de la legendaria sangre vistahermoseña.

La configuración genética de este encaste se enriqueció con dos aportaciones fundamentales: una, minoritaria, procedente de la rama lesaqueña, representada por reses de Manuel Suárez Cordero; y otra, mucho más determinante, incorporada en 1863 con la adquisición de 309 cabezas de la rama saavedreña, que terminaría definiendo el perfil zootécnico de la vacada.

Tras el fallecimiento de doña Dolores Monge en 1884, la ganadería se dividió en dos partes. Una permaneció bajo la dirección de Joaquín Murube, mientras que la otra fue adquirida por Eduardo Ybarra, quien encomendó su gestión a Faustino Murube, consolidando así una de las líneas ganaderas más influyentes de la historia del toro bravo.

No obstante, numerosos especialistas coinciden en señalar que la evolución posterior del encaste no puede entenderse sin la decisiva aportación de Antonio Urquijo, cuya labor de selección a partir de 1946 dio lugar a una variante que sería origen de numerosas ganaderías actuales. Por ello, resulta cada vez más frecuente referirse a esta estirpe con la denominación Murube-Urquijo, en reconocimiento a ambas familias y a su trascendental contribución genética.

El toro Murube-Urquijo posee unas características morfológicas y funcionales que lo convierten en uno de los más apreciados para el toreo a caballo. Se trata de un animal de gran alzada y caja amplia, largo, badanudo y armónico, con testuz acarnerada, cuello poderoso y enmorrillado, así como una cornamenta acapachada, de mazorca gruesa y pitones de moderada longitud.

Sin embargo, más allá de su fenotipo, la principal virtud de este encaste reside en su comportamiento. Destaca especialmente por su forma de galopar: un desplazamiento largo, acompasado, descolgado y siempre en línea recta, cualidades que favorecen la espectacularidad y la pureza del rejoneo. Entre los ejemplares más valorados sobresale el denominado bajo de agujas, considerado uno de los prototipos más representativos de esta estirpe.

Gracias a estas cualidades, la ganadería Fermín Bohórquez ha mantenido durante décadas un prestigio indiscutible dentro del panorama taurino, preservando una selección genética de enorme valor histórico y contribuyendo a la conservación de un patrimonio ganadero que forma parte de la identidad cultural española.

Con más de siete décadas de historia bajo su actual hierro y casi dos siglos de herencia genética, la ganadería Fermín Bohórquez continúa siendo sinónimo de tradición, pureza y excelencia, manteniendo vivo el legado del encaste Murube-Urquijo para las generaciones presentes y futuras.

 

Banda de Música Nuestra Madre de la Consolación 

Director: Enrique Acebes

Repertorio de Pasodobles 

Paseillo: LITRI

1º ESPAÑA CAÑI

2º LA ENTRADA

3º NERVA

4º PABLO HERMOSO DE MENDOZA

5º LA GIRALDA

6º EL GATO MONTES

El miedo y la superación 

Firma Invitada: Paco Guerrero / Huelva Información 

Más que posible, creíble. Más que creíble, normal. Normal que, a poco que esta feria eche la persiana contando un espectacular cierre de la misma con Morante y Miranda por delante, nos olvidemos de cómo un tipo modesto y bajito, de aquí del terreno, llamado Alejandro Conquero, se convirtió en un atrevido cuando dijo sí a un debut nada más y nada menos que con los Miura.

Miura, los toros del miedo. Los toros que le han dado una identidad propia a esta feria y que solo en la cabeza de quien primero lo pensó, el empresario José Luis Pereda, existían con posibilidad de ser.

No voy por el camino del empresario, quien logró su meta: añadir un plus de exclusividad a una gran feria que siempre tiene sus figuras por ahí urdiendo carteles.

Hace tres noches, terminada la crónica en ese ambigú extraño pero confortable que es la Sala de Prensa, me asomé a la madrugada de la plaza y ahí estaban los Miuras llegando a Huelva cincuenta años después.

José Luis Pereda hijo asumía lo que la historia le dejó a mano: 50 años de ausencia. El tiempo preciso para anunciarlos y la habilidad de soñarlos en el momento preciso.

La madrugada le añadía romanticismo a la faena; es evidente que sí. Las luces, la noche, los pitones al filo de la oscuridad; los Miuras nada más y nada menos. Y con ello una imagen difícil de olvidar en mi cabeza. Es la de una mujer mirando más fijamente que nadie a cada Miura que bajaba del camión. Fijamente. Serio el rostro; endurecida la mirada y resoplando a cada Miura engallado con cualquier cosa que se moviera. Ella iba a ser los ojos para su compañero de vida, Alejandro. Los ojos y la explicación más cercana que tuviera el torero. No vi el miedo en su mirada. A María del Mar le rondaría el miedo, pero no se le veía.

Me dormí aquella noche pensando en esa ruleta rusa que es una corrida de Miura. En cualquier momento salta la bala. Me quedé pensando qué le habría contado a su compañero cuando le preguntase por la corrida. Igual, que la corrida no era tan grande como es Miura; que venían para Huelva, en tipo.

A la tarde siguiente la vi cruzar el callejón antes que nadie con una camisa blanca hasta llegar al punto donde los toreros iban a dejar el capotillo de paseo. No sé qué noche habría pasado, cuántas vueltas se da uno en la cama sin conciliar el sueño; cuánto miedo hay que superar para aparecer tranquila a ojos de quien también tiene el deber de sentir miedo con dos de Zahariche esperando en los chiqueros.

Momentos más allá su compañero llevaba una oreja en la mano. La del primer Miura que le hizo superar la barrera del miedo. En esa complicidad estaba su compañera, la que desde el día anterior había aprendido a convivir con el miedo que dan los Miuras.

Y quizás esa oreja no sea tan relevante entre tantos triunfos ruidosos de la feria, pero si tengo que resaltar algo es precisamente ese ejercicio de superación del miedo que Alejandro y su gente han tenido que hacer ante una situación asumida: la de estar en la feria como fuera. Porque más que el miedo físico que dan los Miura es no poder responderte si de verdad quieres ser torero.

Conquero llevaba tres corridas en su esportón y una cogida de tragedia gorda en Cenicientos. Me dan igual los puristas; los que inventaron el toreo según San Juan y padecen estreñimiento crónico en sus mentes, pero hay que ser muy Miura para intentar quitarle brillo a ese orejón que el torero más modesto de la feria tendrá guardado y mantenido en su casa. Quizás para recordar que un día fue capaz de liarse el capote de paseo y ser parte de una feria especial e histórica. Y haber superado el miedo.

GALERÍA DE FOTOS: TOROS LA MERCED – VÍA: ANTONIO DEL CARMEN

 

 

 

 

Toros La Merced
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