Hubo un momento en el que Huelva pareció detener el reloj. La Virgen de la Cinta, la Virgen Chiquita, se asomó a la Plaza de Toros de La Merced y el coso onubense, acostumbrado al silencio expectante antes de un paseíllo, vivió una escena de profunda emoción. En esta ocasión no había capotes ni muletas, sino devoción, sentimiento y una ciudad rendida ante su Patrona.
La visita tuvo además un protagonista muy especial. José Luis Pereda, empresario de la Plaza de Toros de La Merced, tomó el martillo del paso y, con un gesto cargado de simbolismo, mandó levantar a la Virgen en una preciosa chicotá. El movimiento del paso adquirió entonces ese compás pausado y acompasado que, salvando las distancias, recuerda al temple que tantas veces se busca en el ruedo. Fue un instante de enorme belleza: La Cinta avanzando por un espacio estrechamente ligado a la historia taurina de Huelva, mientras los presentes contemplaban la escena con emoción.
La imagen patronal recorrió el entorno de La Merced dentro de los actos previos a su tradicional regreso al Santuario del Conquero. Desde las inmediaciones de la Catedral, numerosos onubenses acompañaron su caminar en una tarde en la que se fundieron tradición, religiosidad y sentimiento popular.
La Plaza de Toros de La Merced, escenario habitual de grandes tardes de toros, abrió simbólicamente sus puertas a la Patrona. Y allí se produjo una de esas estampas que permanecen en la memoria: la Virgen Chiquita en el Coso y siendo levantada por sus costaleros bajo el toque del martillo de José Luis Pereda. Una chicotá distinta, solemne y cargada de significado, en la que el lenguaje de la tauromaquia encontró un inesperado punto de encuentro con la devoción de Huelva.
La procesión continuó posteriormente por el Paseo de la Independencia, San José, Isaac Peral, Ginés Martín y Doctor Francisco Vázquez Limón, antes de regresar al entorno de La Merced. A lo largo del itinerario, mayores y jóvenes se mezclaron entre rezos, aplausos, coplas y muestras de cariño hacia la Patrona.
Especial protagonismo tuvo también la calle Isaac Peral, engalanada para recibir a la Cinta. La Comisión de Decoración Reina de Huelva confeccionó una alfombra con alrededor de mil kilos de sal teñida y preparó una petalada que convirtió el paso de la Virgen en una estampa efímera de gran belleza.
La presencia de la Virgen en Huelva ponía así el punto culminante a unos días de intensa actividad patronal. Desde su llegada a La Merced el pasado 23 de agosto, procedente del Santuario del Conquero, la Catedral había acogido los cultos en su honor. Después llegó el momento de devolverla a su casa, en lo alto del Conquero, acompañada por una ciudad que volvió a salir a la calle para caminar junto a ella.
Y si las grandes tardes de toros se recuerdan por una faena, un quite o una serie de naturales, esta jornada quedará también prendida en la memoria de Huelva por una imagen singular: la Virgen de la Cinta en La Merced y una mano, la de José Luis Pereda, sobre el martillo para marcar el comienzo de una chicotá que tuvo algo de faena soñada.
La Patrona regresó finalmente a su Santuario entre el fervor de sus fieles. Allí, con los fuegos artificiales poniendo el broche a la jornada, concluyó una celebración que volvió a demostrar que Huelva tiene en la Cinta una de sus señas de identidad más profundas.
Esta vez, además, la Virgen Chiquita dejó una estampa inolvidable en un lugar muy especial: La Plaza de Toros de La Merced, donde la devoción se hizo paseíllo y una chicotá se convirtió en un momento de auténtica emoción.



















